1516. Miércoles, 2 diciembre, 2009

Capítulo
Milésimo quingentésimo decimosexto: “Las dos palabras más bonitas que
te pueden decir no son “te quiero”, sino “es benigno” (Desmontando a
Harry, 1997; Woody Allen)

Al
hilo de los comentarios ombligueros de ayer me ha surgido trabajo para
esta mañana. Muy respetuosamente pienso escribir una carta a mis
superiores en la que, acogiéndome a la libertad religiosa que me otorga
la ley, pasaré a comunicarles mis nuevas condiciones laborales,
condiciones que tendrán que cambiar sustancialmente después del paso de
mi anterior situación, la de agnóstico convencido, a la actual como
ferviente seguidor de los monjes hesicastas y de sus sabias, cultas e
inteligentes enseñanzas.

Estos monjes, originarios de la antigua Grecia, practican la
onfaloscopia. Sus reglas -que desde ahora yo tendré que cumplir a
rajatabla y mis jefes tendrán que respetar de forma escrupulosa- no
pueden ser más sencillas: un único precepto que impone una única
técnica de oración -a realizar sólo cuando uno la necesite- consistente
en la contemplación del propio ombligo y en la repetición de un nombre
–el que uno a bien elija- al ritmo de la propia respiración.

Una vez satisfecho tal estado contemplativo, de tiempo variable
según las necesidades que tenga cada uno, el resto del día es de libre
disposición a cargo -por supuesto- del Estado, que para eso tiene el
deber de subvencionar a las organizaciones religiosas sean del tipo que
sea. Y si encima resulta ser la verdadera, como evidentemente es el
caso, pues con más motivo.

Lo dicho. Si (como parece que se va a producir esta misma mañana)
tengo un ataque místico onfalóscopico de no te menees y necesito
meditar en mi misma soledad para encontrarme a mí mismo, no sólo van a
tener que respetar mi libertad de culto sino, además, favorecerlo en
todo lo que esté a su alcance, proporcionándome unas mínimas
condiciones para poder desarrollar la espiritualidad que llevo dentro.
Por cierto, voy a ver si me dejan una almohada, que echar una
cabezadita en una mesa de madera -por muy pulida que esté- acaba
cortándole los chakras a cualquiera. Y así no hay manera de cumplir
unos mínimos prefectos onfaloscópicos.

… el tamaño no importa

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s