1400. Martes, 12 mayo, 2009

Capítulo
Milésimo cuadringentésimo: "El que come del fruto del árbol del
conocimiento, siempre es arrojado de algún paraíso". (William Ralph
Inge, 1860-1954; teólogo británico)

Hay
cierto programa en la televisión vespertina -de nombre tan largo como
absurdo- empeñado en demostrar que sí, que es verdad, que existe un
grupo todavía más bobalicón e insustancial que el de las barbies rubias: el de aguerridos kent intentando conseguir su minuto de gloria.

Algunos entienden (a sus semejantes) y la mayoría no se entiende ni
a sí mismos, pero todos usan el mismo cliché estético: depilación a la
cera, tableta de chocolate hasta el cuello, peinado de puerco espín y
tatuajes varios distribuidos ordenadamente desordenados. Con todo, lo
peor de estos chicos no es su falsa apostura, sino su escasez de
sustancia. Lo digo en serio, comparada con uno de ellos, hasta Leticia
Sabater parece Marie Curie.

Vale, que sí, que si alguno me cayera cerca no iba a andar yo con
remilgos (al fin y al cabo tampoco lo querría para hablar de la fisión
atómica), y es verdad que puede ser que todo este sermón no sea más que
pura y dura (snifff) envidia. Pero yo sigo en mis trece: antes que a
cualquiera de ellos prefiero un bombero que trabaje por las tardes de
descargador en Mercamadrid. O varios. Como de aquí a Pernambuco, vamos.

… toga negra

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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