1275. Viernes, 17 octubre, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo septuagésimo quinto: "Todos nos
volvemos locos alguna vez". (Anthony Perkins en Psicosis; Alfred
Hitchcock 1960)

Uno,
quizá por aquello de ser de provincias, nunca se ha creído mucho eso
que intentan vendernos casi todas las novelas románticas sobre que para
disfrutar del sexo se necesitan fondos llenos de nocturnos de Chopin, ojos negros y profundos bañados en lunas plateadas, aromas al incienso de Edelwais, o interminables atardeceres otoñales a la luz de la chimenea.

Hombre, a ver, no digo yo que como prolegómenos no vengan bien, pero sólo en esos momentos. Y luego, que el componente animal haga de las suyas.

Y es que, lo de la química sexual nos suele enganchar sin respetar
lógica alguna; al menos yo prefiero el sexo con sensibilidad pero sin
recato, con todos los sonidos corporales que pueda llevar asociado,
alguna que otra, por no decir muchas, palabras lo más políticamente
incorrectas posibles, las inevitables manchas viscosas y ¡por supuesto!
ese más que dudoso olor ambiental que acaba dominando el paisaje.

Porque cuando deseas a alguien y estas a gusto de verdad, los pelos
revueltos, los sudores desenfrenados, los olores carnosos y algún que
otro detalle mundano más, pueden convertirse en los afrodisíacos más
potentes.

Para gustos.

… más "historias extra-ordinarias" todo el fin de semana

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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