1213. Jueves, 17 julio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo decimotercero: " Los tiempos son
oscuros, las costumbres corruptas, y hasta el derecho a la crítica,
cuando no lo ahogan las medidas de censura, está expuesto al furor
popular" (Umberto Eco, 1932; escritor y filósofo italiano)

Uno
de los dilemas más habituales a los que tiene que enfrentarse un ser
humano es decidir si enciende la luz -o no- cuando, en mitad del mejor
de sus sueños, no le queda más remedio que levantarse a mear. Y es que
como dice en versión libre aquella vieja canción de mi idolatrada Mina,
cuando la vejiga aprieta es que aprieta de verdad. O algo así.

El primer impulso es, lógicamente, encenderla. La experiencia es un
grado y quien más y quien menos ha probado esa vital experiencia que
supone el dedo meñique del pie descalzo tropezando con cuantos
salientes existen en el camino. Pero luego uno reflexiona y piensa que
lo único que conseguirá encendiéndola es alterar el reloj biológico y
no volver a dormir en lo que queda de noche.

El dilema es peliagudo y tomar una decisión en semejantes condiciones resulta casi imposible.

Sin embargo (la necesidad aguza el ingenio), y al cabo del tiempo
cada uno termina desarrollando su propio método; desde quien sí la
enciende y es capaz de guiarse por ella sin abrir los ojos, hasta el
que, presumiendo de conocer cada rincón de su casa con los ojos
cerrados, prefiere andar a oscuras a riesgo de acabar meando cada noche
en la bañera.

Dado que el problema afecta a un elevado número de personas de toda
clase y circunstancia eminentes científicos se han lanzado a buscar una
posible solución. Uno de los grupos más activos en el tema acaba de
publicar en una prestigiosa revista científica lo que podría ser un
primer avance. Se trata de lo que han denominado “disparo fantasma”, un
complicado método basado en incomprensibles ecuaciones matemáticas y
enredados cálculos de física cuántica (en los que no faltan varios de
esos logaritmos neperianos que tan bien me va a explicar Beni
cuando comamos torrijas) del que puedo ofrecer -en exclusiva- un
pequeño extracto conseguido después de muchas horas de estudio y
dedicación y no sólo por su enmarañado contenido , que también, sino
por haber tenido que traducirlo directamente del Sórabo, su idioma
original.

“Sin dejar de mirar en ningún momento en dirección a la taza,
enciende y apaga la luz rápidamente. Durante algunos segundos, tendrás
una imagen fantasma de la diana. Ajusta y dispara, evitado mover los
ojos para no desplazar la imagen. El golpe de luz satura algunos conos
presentes en los ojos. Al volver la oscuridad, los conos siguen
reaccionando, reproduciendo durante un instante la imagen percibida."

Y aunque visto así el sistema no resulta malo, al leerlo se me ha
ocurrido a mi pensar que posiblemente exista otra solución. Claro, que
si hay gente que está dedicando toda su vida a investigar el problema
no voy a ser yo el típico presuntuoso de mierda que va de listillo
dedicándose a tirar por tierra las conclusiones de sabios tan
principales. Por más que piense que para mear a oscuras lo más practico
es mear sentado.

… el fútbol en miniatura

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s