1201. Miércoles, 11 junio, 2008

Capítulo Milésimo ducentésimo primero: "Los dioses tienen algunos
rasgos humanos. Les gustan las ofrendas" (Eurípides, 480 – 406 a. C.
poeta griego)

Que
a lo largo de la historia el matrimonio como institución sólo ha sido
tomado en serio por aquellos que antes ya se encargaban de blindarse
contra él (y no es cuestión de señalar) da buena muestra el pueblo
egipcio que, con un montón de dioses a cual más elegante, delgado y
guapo (aunque a veces se les fuera un poco la olla poniéndoles cabezas
de animales) eligieron como dios del matrimonio a Bes, un tipo
grotesco, patituerto, enano, ventrudo y más feo que Picio que pasó a
ser el encargado de bendecir todas las bodas de la época, unas bodas
que de acuerdo con la moda que se estilaba por aquel entonces solían
realizarse entre hermanos. Bien es verdad que no solían ser hermanos de
padre y madre, pero tan cercano parentesco a la hora de unirse los
contrayentes daba lugar a curiosos embrollos familiares, como el que le
pasó a un fabricante de vasijas de Abydos llamado Merneptah, un hombre
muy popular entre sus vecinos.

Merneptah, primo del Faraón por parte de madre, aunque también
sobrino político y nietos ambos de abuelos consangíneos, estaba casado
con su hermana de padre, que era a la vez sobrina de su madre (una de
esas sobrinas de las que siempre se dice que no se sabe a quién habrá
salido, pero se sabe perfectamente aunque no se pueda decir). Esta
madre, a su vez, era nieta de su tío, prima de su suegro y tía de su
cuñada, casada, por cierto, con un tal Nakimithu, que era pariente de
no se sabe quién, aunque se sospechaba lo peor. Con lo que resultaba
que su hijo era sobrino del abuelo de la madre, tío de su abuela
(frívola shardana de Shardania, de quien se contaban cosas tremendas)
por el segundo matrimonio de su tía con el padre del marido de una
cuñada (individuo dócil y complaciente a quien se le atribuían
injustamente parentescos inconfesables. Con todo lo cual resulta que la
madre de Merneptah estuvo a punto de ser abuela de su marido si no
hubiera sido por haber muerto antes de que se consumara el parentesco,
lo que produjo serios trastornos en la familia de Abydos que se
encontró de pronto con un alfarero con pluma encaramado a su árbol
genealógico en calidad de madre del cabeza de familia, algo que dio
lugar a largísimos pleitos.. Pero no se pudo evitar que Merneptah
resultara primo hermano de la hija de su segundo matrimonio, consuegro
de su tercera mujer (que era, por cierto, cuñada y hermanastra de la
primera) y le faltó el canto de un duro para ser el padre de sí mismo.

Comentando estas cosas, los egipcios pasaban una veladas muy entretenidas.

… novelas románticas

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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