1094. Lunes, 17 diciembre, 2007

Capítulo Milésimo nonagésimo cuarto: "Nos vamos con la esperanza de
que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o
sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el
objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las
continuas frustraciones." (Antonio Gasset, 1946; periodista,
presentador de televisión y crítico de cine español)

Siempre
me ha llamado la atención el éxito de las relaciones virtuales. De unos
años para acá, el mundo ha empezado a poblarse de parejas sin rostro,
gente que escribe a deshoras, que se cuentan las más íntimas de las
mentiras, y que muestra su lado más oscuro, que es casi siempre el más
apetecible, a través de la pantalla de un ordenador.

El
mecanismo es, con algún que otro matiz, siempre el mismo. Dos
voluntades coinciden casualmente en el rincón menos pensado de la red.
Da igual que sea en una página consagrada a hacer sesiones espiritistas
a las horas y a las medias o en un foro dedicado exclusivamente a
debatir el mejor tipo de luz que hay que poner para hacer fotografías
de pies desnudos al amanecer (por increíble que parezca los dos casos
existen en la red). Un primer saludo, un cambio de frases hechas y una
conversación que se irá alargando cada día un poco más hasta que ambos
acaben fabricándose el mundo que les gustaría tener, un mundo de
mentira, pero un mundo en el que ambos son los únicos dueños.

Y,
aunque como todo, la ristra de ventajas e inconvenientes de este tipo
de relaciones sería interminable, siempre he pensado que si en algo
ganan a las relaciones tradicionales, es en la hora de su desaparición.
Es el final ideal de cualquier relación, la retirada más indolora y
limpia. Donde no hay carne, no hay miseria. Los corazones nunca se
rompen por completo, y el dolor de la ruptura tampoco tiene el
suficiente cuerpo: no hay un brazo, una espalda, ni un solo músculo
cuyo recuerda pueda torturar. Ni, sobre todo, hay unos ojos para echar
de menos. Algo que, llegado el momento, se agradece. Y mucho.

… aludes.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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