1034. Lunes, 17 septiembre, 2007

Capítulo Milésimo trigésimo cuarto: "Estar aburrido es la forma más
fácil de pasar el tiempo, y la más larga" (Delfín P. 56 años, farero)

La
vagancia, mi estado natural, suele ir casi siempre acompañada de uno de
los peores pecados que, según parece, se pueden cometer hoy en día: el
de aburrirse. Ser acusado en público de aburrirse es peor que ser
sospechoso de robar la caja de una sociedad protectora de animales.
Aburrirse es pecado, no hay derecho, es deprimente..

Y es justo
ahí donde me sale el peluche reivindicativo. Quiero reclamar el
aburrimiento. Vivimos en una sociedad que ha hecho del aburrimiento su
nuevo enemigo. Nos dicen que hay que hacer esto y aquello sin parar, y
quienes nos aburrimos y lo confesamos somos considerados, además de
aburridos, locos o asociales: no sentimos curiosidad por nada, vivimos
en la inopia, o, por qué no decirlo, somos directamente idiotas por
perder el tiempo de esa manera.

Peor para ellos. El
aburrimiento, en lugar del infierno que se empeñan que sea, es una
herramienta fundamental para descubrir quiénes somos. Quien sabe
aburrirse es lo suficientemente valiente como para enfrentarse a sí
mismo. El aburrimiento, en dosis controladas, es un lujo. Y yo no estoy
dispuesto a perdérmelo.

Aprovechando el lunes, sesión intensiva.

… los pollos para los ricos.

Todos los "capítulos" de "tantos hombres y tan poco tiempo"

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